10.31.2005

un día menos..., o un día más...


Bueno, a ver como empiezo esto.

Comienza por el comienzo, y cuando termines, te callas. Ese es buen consejo para Alicia, pero yo no estoy en el país de las maravillas.

O empiezo desde el inicio, no, no, la misma redundancia.

Ya sé, mejor así: era yo hace ya muchos años una persona bastante satisfecha, por así decirlo, luego algo pasó que no supe manejar y el papalote se me vino en picada con unas cabriolas endemoniadas, dio un par de azotes en el suelo y otros tantos atorones en algún árbol inoportuno, o peor, en algún estúpido cable (de los que nunca faltan cuando menos los necesitas). Y así era, pasó el tiempo, mucho, hasta que ayer en la tarde me desperté en mi cama con esa conocida angustia de no saber cómo llegué ahí. La primera embestida llegó directo a la cabeza, dolor, desequilibrio, daño cerebral, al menos así lo sentí. De plano me costaba ubicar mis movimientos y las imágenes me llegaban destellantes, incoherentes. Luego vino la segunda embestida, el estómago en plena revolución, pero en un nivel superlativo, supuse que ya llevaba así un rato porque al levantarme me dolieron las mil abdominales que jamás he hecho. Me acordé de la reunión con una amiga del trabajo y de momento me sentí dispuesto a no faltar, aunque la laguna en esta ocasión se me hacía impresionante. Bajé las escaleras hacia la cocina para tomar leche, el remedio infalible, mis piernas temblaban, más, se sacudían. Mientras bebía sorbos nimios me esforzaba por lograr una serie de imágenes con sentido, pero el dolor del líquido al resbalar hacia el estómago no me ayudaba en absoluto, la desorientación estaba en plena efervescencia. Subir las escaleras fue todo un logro, debí parecer un anciano decrépito. Estaba abriendo la regadera cuando llegó el verdadero ataque, fue un espanto, sin aviso, apenas tuve tiempo de inclinarme y levantar la tapa del excusado. La leche se me hizo falible y contraproducente. Tal vez eso no me sorprendió tanto como la sensación de que los espasmos nunca terminarían, que me podrían dar calambres por el esfuerzo, en verdad así lo presentía. Apenas me recuperaba de ese ataque cuando comenzaron los temblores y el sudor frío, me dolía pensar, tratar de controlar el dolor. Quise gritar pero me faltaban las ganas deperdiciadas en cortar el vómito. En mi mente tenía la imagen miserable de Nicolas Cage en Leaving Las Vegas, el miedo llegó bastante anunciado.

Lo peor de las lagunas podría decirse que es no recordar, pero la verdad es que uno no quiere recordar, por eso se hunde en la inconsciencia, en la embriaguez de la consciencia. En mi caso creo que eso ha sido el elemento clave, el olvido. Siendo honesto, jamás he intentado disfrazar la realidad, no soy tan cínico, pero sí he querido desaparecerla, que se vaya todo, lo malo, aunque arrastre lo bueno, he preferido arrancar por montones las hojas del cuaderno porque las malas notas están repartidas en las mismas páginas de las notas buenas, y cuando hubiera terminado posiblemente tendría un cuaderno en blanco, y sin hojas. Y mi vida estaba así cuando ayer por la noche la reconocí.

Voy a aclarar un punto: no soy así de alcohólico. Es cierto que en los últimos meses ya comenzaba a beber yo solo, sin motivo aparente, pero nunca he tenido esas ganas de saborear o disfrutar la bebida, esa especie de sed de la que tanto me han hablado las personas que han vivido el verdadero infierno. Hasta ahora no he pensado en un trago y se me ha hecho agua la boca, ni quiero llegar a ese punto. Esta, digamos, terapia, completamente injustificable y vana, la he venido desarrollando de algunos años para acá. Antes solía recluirme en mis culpas y en el recuerdo de alguien a quien ya había perdido antes de saberlo. Por eso decidí lo de barrer parejo, porque ya no soportaba pensar en que nunca la recuperaría, que incluso su recuerdo me lo negaría cuando el tiempo así lo dispusiera. Ella lo era todo, en más de un sentido, muy sencillo, todo. Y la perdí.

Ayer enfrenté ese miedo, tan añejo, tan cotidiano, por eso me acostumbré a no sentirlo y le dejaba minar mis convicciones, mis pensamientos, lo más básico, mis sentimientos. Al momento de darme cuenta de esto tuve de dos sopas: me hundo, pero bien, deveras tocar fondo, o me doy esta oportunidad y me lanzo por una vida mía, dirigida por mí, vivida por mí, por mis decisiones. Se siente tan bien cuando decides sin dudar, por instinto. Todo está tan claro ahora, todo vuelve a mostrar su luminosidad, incluso los recovecos más viejos. Y aunque digan que solo el pellejo se arruga, también la voluntad puede arrugarse, y ese precisamente es el aspecto que atiendo primero, mi fuerza de voluntad. El calendario que quiero no es de arrancar papeletas, es de agregarlas al broche, una por una, todas. Quiero que el broche termine bastante atiborrado de papeletas, si no, al menos sí aseguro que los días sean consecutivos, ni una papeleta extraviada más. Estoy muy consciente de lo perdido y no voy a ignorar la falta que me hace, y como ya voy de salida en este laborioso proceso de aceptación, me voy a enfocar en mejorar mi persona, retomar los buenos hábitos abandonados que tanta falta me hacen y así tener una mejor perspectiva de la manera como puedo resarcir esas malas notas.

Sí, así es como quiero que esto inicie...

5 comentarios:

ChOcCo dijo...

Para empezar por el principio y luego callarme jeje, te ofresco una disculpa si en algun momento el relato de la noche anterior te incomodo un poco. Sinceramente inge no soy de las personas que aguanten a un borracho y menos a un amigo borracho, el caso es que ahora que formas parte de mi vida (asi como yaz y edgar)hay muchas cosas que puedo tolerart porque te tengo un cariño de brothers y tal vez esto no ayude mucho pero "eres el bro mayor que nunca tuve" y en verdad GRACIAS por estar inge. Por cierto buen inicio de blog :)

lune...ta dijo...

un excelente inicio...
nosotros tampoco cremos que lo seas...
para todos eres el hermano mayor y la razón de este extraño equipo (entiendase la parte más sensata)
pero como en todo cerebro, a veces se pierde la razón...y eso no es un pecado
La idea de mejorar... es buena... simpre es buena...
y sabes q' cuentas con una amiga, para todas aquellas ocasiones en las que flaquees... y para todas las demás en las q' me necesites...
por mi parte...así...
eres la parte de este equipo que màs admiro
te quiero mucho

Æ_garito dijo...

Ahh que Inge este deveras (si se escribe asì?). Ahora con quièn me voy a poner alcoholico, muy mal.
La parte buena de todo esto es que nos presumiste al escritor que llevas dentro. Escribes muy bien inge, deberìas de hacerlo màs seguido. Ojala aproveches tu blogsito para hacerloy ojala te sirva para ponerle muchas hojitas a tu calendario.
S A L U D

La niña Fonema dijo...

Realmente estoy sorprendida, en el sentido grato del término. Muy buen estilo el tuyo. Además, me reconozco en tus sensaciones, y en verdad me parece muy precisa la forma en que describes el síndrome de la mañana siguiente, que es mucho más que físico y también mucho más que moral.
Por el lado frívolo, qué buen uso de los adjetivos.
Muy bien, en verdad muy bien.
Saludos

La niña Fonema dijo...

Realmente estoy sorprendida, en el sentido grato del término. Muy buen estilo el tuyo. Además, me reconozco en tus sensaciones, y en verdad me parece muy precisa la forma en que describes el síndrome de la mañana siguiente, que es mucho más que físico y también mucho más que moral.
Por el lado frívolo, qué buen uso de los adjetivos.
Muy bien, en verdad muy bien.
Saludos