11.30.2007

No es cultura, es moda

Como en muchos otros menesteres, en la contidianidad, despierto y el sol ya está inquieto, la noche completamente vencida, pero en mí apenas unos brevísimos instantes atrás se burlaba airosa y juguetona porque el día se me había escurrido con la arena del mar entre los dedos. Todas las cosas desfilan ante mí presumiendo sus orígenes, un nombre en esencia, una marca para justificar el valor agregado o una contramarca para valorar la justicia agregada. Recién en la semana la señorita en una recepción me preguntó '¿por qué asunto viene?' antes de saber quién éra yo. Eso es lo importante en nuestros días, primero el asunto, luego viene la identidad. Maldita sea, ¿cómo se vive en aras de la globalización con miles de amaneceres aún por delante que no hablan de cielos ni de nubes ni de soles ni noches perdidas que no conjugan con el verbo vender?

Mil veces al diablo, no basta con una sola, no, mil veces al diablo, por ahora reacionamos con el verbo comprar porque el mundo está a punto de ser consumido, pero no agotado, el mundo aún es renovable, aún. Hay quienes están convencidos que solo un conflicto con miras globales, o una castástrofe de proporciones cósmicas nos haría mirar el firmamento, buscar la tierra bajo el pavimento y volver a ese estado original de inocencia y búsqueda, y por cada uno de ellos hay otro tanto cuyo objetivo primordial es mantener esa degradación exponencial para mantener el orden de las cosas mismas y así al despertar no haya quien tenga un primer pensamieto que no sea 'un día más, a comprar, a vender...'

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